Confundiéndo-me

Gerundio

Esta pudiera ser fácilmente la época de los gerundios y habrá muchos dirigentes DICIENDO que sí, como si fuera otro de los lineamientos delineados o acaso no supieran de la existencia de infinitivos o participios en la lengua española. Vendrían a confirmar que es pobre el vocabulario que dominan o que solo tienen de base “el idioma cubano” o alguna que otra estupidez nacionalista. No sé, algún disparate ilustre de “los con cargo” sería la explicación del problema, si es que llega la respuesta claro.

Si preguntas de las perspectivas de un proyecto, la respuesta es, estamos TRABAJANDO en eso. Y quiero creer, que hay alguien que trabaja, porque aún en lo abstracto del gerundio para eso les pagan. Tal y como les pagan a un obrero, a un maestro o a otro cubano cualquiera. Pero esas palabras cumplen su función: la de disociar a la prensa con esfuerzos empresariales y no llegar nunca a la raíz del famoso trabajito.

Si preguntas de una medida a implementar, te dirán, estamos ESTUDIANDO esa posibilidad, para tampoco saber de qué estudio se trata, ni de quiénes realizan la investigación y seguir con esos vendavales de especulación popular, que se desprenden “desde arriba” como por ley de gravedad.

En menos de un año han desfilado los ANALIZANDO, los IMPLEMENTANDO, los VALORANDO y otros gerundiazos vacíos, que no dicen nada, solo confunden y dejan ambigüedad, la misma retórica de siempre pero que encuentra su mejor hábitat en la base, allí donde cualquier disparate se aplaude, donde cualquier GERUNDIO puede estar en el orden del día.

Ya habrá algunos por ahí tildándome de algo, apuntándome con el dedo y CATALOGANDO este post de sarcástico o dañino a la “causa”. Sé que es así porque no estar de acuerdo con algunas cuestiones es para muchos estar en contra, es renunciar al gran sacrificio mortal. Y así, de vez en cuando ellos seguirán CONFUNDIENDO el cambio de mentalidad, y de paso, SUBESTIMANDO la inteligencia de mi pueblo.

Ya lo dijo la U, el burro sabe más que tú.

 

Sin rumbo

Ella no entiende. Yeni no escribe, no quiere escribir, no espera nada. Anda como el Iván de Padura, sin rumbo, sin norte ni sur, con demasiadas frustraciones literarias. Quiero empujarla, pero es en vano, la provoco y no grita, no desea ser escuchada, aspira a quedarse en el anonimato. Sigue leyendo

Excesos

ExcesosAl hombre lo acababan de sacar de terapia intensiva luego de varias semanas. Ahora no recuerdo en qué hospital lo ingresaron, pero eso no es lo que importa ahora.

La cuestión es que aquel paciente había superado un tremendo accidente de tráfico cerca de Santa Cruz del Norte. Los médicos diagnosticaron una lenta y complicada recuperación, porque después de aquello tendría que empezar a reconocer a cada uno de los miembros de la familia, sus parientes y quién sabe, si con esos traumas olvidaba hasta su estado civil, su religión, su nombre…quién era…

Luego de varios ejercicios, en los que se percibía una ligera rehabilitación clínica, los especialistas recomendaron ejercitar su memoria mostrándole algunas fotos de familiares y así observar su capacidad de identificación.

Empezaron con retratos de su hija, y para asombro de todos acertó. Y así fue que empezó a reconocer a su gente, los viejos y los nuevos, algunas veces con el nombre, otras con el apodo.

¿Y tú sabes quién es este, el de la foto que tengo en la mano? – le dice la esposa enseñándole la imagen del tío del campo.

Como no voy a saber, ese, ese, ese es Gerardo Hernández Nordelo- aseguró el hombre.

Y todos en la sala del hospital rieron, desde los médicos hasta los otros pacientes, porque entre tanta confusión volvían de nuevo algunos de nuestros excesos, que nos persiguen porque sí, como si fueran otra especie de signos vitales en la Cuba de hoy.

El síndrome de la barredora de nieve

El síndrome de la barredora de nieveCuba no ha podido librarse del síndrome de la barredora de nieve, después de tanto tiempo y tanta tempestad. La compra de semejante artefacto está entre los Guinness de las torpezas en la estrategia importadora nacional, pese a que entre este montón de islas e islotes calentones y húmedos es imposible que caiga ni un «copito», por nuestra circunstancia geográfica y atmosférica, según ha aclarado el mismísimo José Rubiera.

Los que sí no dejan de aparecer son algunos prototipos de «barredores del bolsillo de la República», contra cualquier pronóstico de cálidas o gélidas temperaturas. Parece duro catalogarlos así, pero ello es lo que hacen tal vez sin proponérselo, como evidencian desatinos de parecida naturaleza que, sin alcanzar la notoriedad de aquel singular incidente, provocan consecuencias como para helar el alma a cualquiera, o como para derretírsela.

Para corroborarlo intente, por ejemplo, encontrar en los anaqueles de bodegas y mercados industriales del país los llamados fósforos de palitos, esos cuya cabecita va soportada en láminas de madera. Mientras realiza el infructuoso recorrido «tenderil» seguramente le vendrán a la mente los reportes sobre la inauguración, hace varios años, de la más «moderna» fábrica de fósforos del país —de tecnología italiana—, cuyas ventajas industriales y ambientales parecían entonces regalarnos los fuegos de Prometeo.

Lo cierto es que todo parece haber terminado en un fiasco, en un malgastar el dinero sin que podamos disfrutar las bendiciones de la forja prometida. No hay que dudar de que la falta de perspectiva a la hora de acometer la inversión, entre otros desajustes, le humedecieron la chispa a los fósforos de madera. Dinero quemado en la hoguera de la improvisación.

Y si en la fábrica de fósforos de madera las chispas terminaron en remojo, en el imponente hospital Hermanos Ameijeiras, de la capital del país, una inversión que auguraba enfriar sus cálidas entrañas —se pagó como aire acondicionado centralizado— derivó en insoportable sauna.

Al preguntar a prestigiosos especialistas cómo pudo ocurrir semejante sortilegio, la respuesta es que los compradores de los nuevos acondicionadores «olvidaron» —o ignoraban al parecer— la magnitud de los que se necesitaban. Uno solo de los viejos compresores tiene más potencia que los adquiridos ahora.

El resultado es dinero sofocado en la imprevisión o la negligencia y, para colmo, serias sudoraciones, que es decir afectaciones al bienestar de los pacientes y sus acompañantes, al personal de esa instalación, y hasta suspensiones circunstanciales en determinados servicios.

Estos hechos se hacen más punzantes porque en las condiciones deficitarias de nuestra economía las inversiones no son abundantes, y cuando se aprueban es porque están dirigidas a resolver sensibles y hasta impostergables problemas. Así que cuando los recursos se dilapidan —y dilapidar no es solo robar o apropiarse del dinero ajeno— el problema es doble.

El tema de la pertinencia de las compras en el exterior —y la no menos pertinencia de los compradores— ha golpeado no pocas veces de manera muy dura a la economía nacional, y también la familiar y personal. Porque los desajustes no ocurren solo en las grandes empresas, algo de lo que puede dar fe cualquier cubano, empezando por la suela de sus zapatos.

Ya sabemos que en una economía tan verticalizada como la del modelo del que venimos, las distancias entre los que «pedían», y quienes accedían, compraban y distribuían, era como la existente entre los congelados polos y el temperamental ecuador, todo lo cual estimulaba los anteriores desequilibrios y hasta resquicios para corruptelas.

Estos últimos pueden comenzar a superarse con la actualización económica y su anunciada autonomía de la empresa estatal socialista, además de con la flexibilización de los objetos sociales, con las posibilidades que se abren de comprar y vender en el exterior.

Así que estos serán recodos a no perder de vista cuando el país busca sobreponerse a más de 20 años de incumplimientos en los planes de inversiones, con sus consiguientes descuidos y desidias al concebirlas y ejecutarlas. Solo de esa manera podremos evitar que los dineros y esfuerzos de todos terminen por ser devorados por algún tipo de barredora, o congelados bajo la nieve de la indolencia.

Escrito por Ricardo Ronquillo Bello, en Juventud Rebelde

Lo último que trajo el barco

Lo último que trajo el barcoTodo no está dicho y mucho menos en Cuba. De no suceder nada, hasta cualquier gato con uñas se puede convertir en la noticia del día. Tal parece que asistimos a la era de la “bola cíclica”, que te obliga a dejar de hablar de ventas de casas porque se aproxima la entrada en vigor de una ley tributaria, que aunque nadie sabe lo que dice, todos tienen algo que agregarle.

Hace unos días sufríamos con los precios de los carros. Pero ni siquiera 60 mil CUC ó 200 mil sirvieron para alterar el orden de las cosas. Ya ven que todo no está dicho. Algunos vaticinaron protestas en las calles, pero al final, cuando llega la noche, se piensa en la bicicleta vieja de nuevo, que “anda por sí sola”, sin gasolina, sin tornillos, ni necesita traspasos tampoco y los carros confirman aquello del cotilleo cíclico, nunca interminable.

Entonces es mejor olvidarse de los Peugeout, entretenernos con aquello del Día Cero, que parece algo así como el diluvio universal, el cual limpiará la economía de impurezas, pero donde no todos alcanzaremos pasajes en el Arca de Noé.

Todavía se habla de la doble moneda, pero es preciso dejar eso a un lado porque ya subieron los salarios a los profesionales de Salud Pública y es mejor sacar cuentas after/before, y por supuesto hacer algunos cálculos del equivalente en moneda convertible. Así la escasez de moneda  queda por unos instantes fuera del debate, pero vuelve a cada rato porque los salarios son, con certeza, el cuento de nunca acabar.

La bola cíclica se adhiere al día a día y nos mantiene tan ocupados, que nos hace olvidar los problemas, como si la discusión de esos asuntos tan estratégicos fuera a integrar la lista apretada de los análisis de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

A veces cuando las lenguas sobrecalientan un tema, sale a la luz pública otra medida, que te hace olvidar lo primero y teorizar sobre “lo último que trajo el barco”. Al parecer la “bola cíclica” es mucho más que una estrategia comunicativa que amenaza con desterrar al silencio y hacer nuevos debuts, como ahora con la nueva Ley  de Inversión Extranjera.

La calma no llega ni llegará. Vivimos en una infinita carrera de relevo informacional. Ya veremos cuál será la próxima bola.

 

Post de Yarislay García Montero

 

 

P_O_L_I_T_I_C_A

La pancarta de cualquier CDRDicen que el cubano empieza a hablar del hambre y la comida e inexplicablemente pone el punto final con algo sobre sexo. De un tiempo a acá escucho conversaciones altamente inflamables que declinan, por “ley de gravedad”, en la mismísima cara de la política. Pero hay algunos que prefieren no hablar de ella porque dicen que es bien sucia y bastante complicada.

Incluso, hay aferrados que dicen no tener nada que ver con la política cuando somos nosotros mismos quienes la (des)hacemos o (de) construimos y por eso se pasan las horas debatiendo de pelota. Es absurdo pensar que hablando del deporte nacional se escapa de lo  político, en un medio que condena salidas ilegales de deportistas con un idéntico comunicado sobre violación de principios éticos aplicable para quienes desertan.

Para esos, los que dicen alejarse del tema, hay una amplia política deportiva que discuten a diario en una Esquina Caliente, en una peña o en la propia casa, pero que pasa frente a sus narices disfrazada con guante y bate en mano.

La política de estos tiempos tiene su propia Biblia en los Lineamientos de la Nueva Política Económica y Social del Partido y la Revolución, que es más que un mandamiento o un versículo de las célebres Sagradas Escrituras. La Nueva Política me persigue en los mercados agropecuarios, en la cafetería de Mayita, cuando busco las pesetas de la guagua, o simplemente -y no exagero- cuando no encuentro un baño público en la ciudad.

Por falta de una, hay una política bancaria, una política migratoria, una política tributaria, una política crediticia, una política cultural, que dejó atrás aquel Quinquenio Gris; una política discursiva en los medios o medios políticos con discursos, algunas políticas editoriales, una política de cuadros del PCC y otras parientes cercanas, que nos acompañan a diario sin necesidad de decir P-O-L-I-T-I-C-A.

No hace falta esperar a la rendición de cuentas del delegado ni asistir al vigésimo Congreso de la Central de Trabajadores de Cuba para vivir o estar cerca de la política. No es preciso llenar las escuelas o la oficina del director con pancartas y consignas para demostrar complicidad con la Revolución porque hay otros que no necesitan letreritos u otro tipo de recordatorios públicos.

Conozco gente que sin repetir ¡Viva Cuba! y ¡Orden, exigencia y control! han demostrado ser más cómplices que nadie. Esos, a mi juicio, son los buenos políticos.

Una doble moral con hielo, por favor

Una doble moral con hielo, por favorLa doble moral es, más que nada, falta de una. Viene con el oxígeno, está en nosotros como el ron y la pelota. Intoxica el Comité Central y el refugio del opositor, el palacio y la choza, esta orilla y la otra.

 Es doble moral la del dirigente que asegura estar trabajando por el desarrollo del transporte colectivo pero jamás lo usa; el que dice hablar en nombre del pueblo y en verdad lo desprecia, asumiendo que sólo él sabe lo que al pueblo conviene; el que a sabiendas o por incuria exagera u oculta tramos de información  para dar la impresión de que afuera todo es caos y vivimos en la mejor de las islas posibles. Lo es la del que ve cosas arriba de la mesa que no se consiguen con su salario pero prefiere no preguntar por su procedencia a la familia, creyendo ser más puro con la cabeza enterrada en la arena. Y la del que da por sentado su derecho a influir para que hijos mediocres matriculen en buenas escuelas.

Es doble moral la de la prensa cubana, llamada a ser más realista e incisiva y que no ha dicho una palabra, por ejemplo, del gran rechazo provocado en la población por los precios de los autos en venta, o de por qué Internet está igual o peor que antes del cable submarino. ¿Es que eso no constituye noticia, que el reclamo inicial venía con letra pequeña, o se trata de la pura y tradicional falta de cojones?

Es doble moral la del que aplaude un discurso y no se atreve a levantar la mano y disentir, habiendo sido elegido para hacerlo. Es muy doble la del que mira a otro lado.

Es doble moral la del fundamentalista que despotrica de todo, dice que aquí nada sirve, que él no quiere nada del sistema y clama por emigrar, pero quince días antes de irse a Estados Unidos se hace un chequeo médico y se opera las hemorroides. Y luego, cuando viene de visita, aprovecha para verse la verruguita que le salió en el cuello.

Es muy doble la del emigrado que critica un acto de violencia policial en Cuba pero lo justifica en su país de adopción. Del que era rebelde aquí pero manso ante sus nuevos jefes de ultramar. Lo es la del que trata de convencerse de que los americanos tienen derecho a matar gente por ahí o encerrarla en campos de concentración en nombre de la democracia, pero arma tremendo escándalo –con faltas de ortografía- en las redes sociales porque alguien aquí estuvo preso un par de horas. Es más, tengo por doble la moral del emigrado que juzga a quien se queda en Cuba y le exige lo que él no se atrevió a hacer.

La honestidad está en veda. Todos fingen; a quien muestra coherencia entre palabra y actos hay que buscarlo candil en mano.

Post de Eduardo del Llano, disponible en http://eduardodelllano.wordpress.com/2014/01/28/una-doble-moral-con-hielo-por-favor/